¡Chacho, bien de gente..!

Por Domingo, 13/julio/2014 10 No tags Permalink 1

Si lo llego a saber me lo hubiese pensado antes de sumergirme en este mundo mágico por donde transita todo el mundo y, por esta vez, con ganas de compartir, saludar y caminar juntos. Familiares, amigos, conocidos de siempre, han vuelto a uno a través del éter y bien contento que estoy. Habrá que seguir, entonces, sin desmayos, aunque los haya, y pensando que siempre es bueno tirarse al canal de la comunicación, sea cual sea éste, si al otro lado hay receptores con ganas de  diálogo.

Es el caso que en mi primera entrada en el blog me puse autobiográfico, más que nada para presentarse  uno a los que no le conocen. Lo dejé en la mudada de los viejos de las casas-cuevas de La Puerta, en  el Llano de Valsequillo, un pueblo precioso donde ojalá sus rectores no permitan que sigan arrancando olivos y almendreros para plantar chalés y adosados, sujetos a hipotecas, o no.

Casualmente, justo cuando un servidor andaba con los recuerdos de la mudada a los tomateros del Sur, pasa por casa Armando Quintana, flamante presidente del Patronato de Fiestas El Manantial, de Lomo Magullo, recogiendo perras para poder llevar a cabo la edición de este año y repartiendo los programas de la fiesta. Ésta estuvo a punto de suspenderse, cansados ya los organizadores antiguos, hartos de trabajar y recibiendo a cambio leña en las redes sociales, lugares donde ahora se esconde la canalla que antes iba de corrillo en corrillo, de chisme en chisme, sacándole el cuero a la gente, y que se aprovecha  de la cobarde impunidad que le proporciona el anonimato. Habrá que saber separar la paja del trigo y dar a estos desalmados la credibilidad que tienen: ninguna.

Bueno, pues gracias a Armando me entero que este año las fiestas tienen como motivo central la zafra y sus protagonistas, aquellos hijos de medianías y cumbres que fueron a matar el hambre al Sur y Sureste de la Isla, a plantar tomateros en régimen de aparcería con los Bonny, Leonardo Hamathon Pilcher, la Ciel, Comunidad de Quintana, Valerón, los Benítez, Juan Mayor Martín, Moisés Rodríguez,Don Bruno, Mierdaseca, Juan Martel y tantos otros exportadores que aprovecharon la puerta abierta por los ingleses para salir del monocultivo eterno que parece presidir nuestra actividad económica. Me parece justo y necesario honrar la memoria de tanta gente que no sólo creó  riqueza e hizo más ricos a muchos en esos sures, sino que levantaron pueblos enteros, desde Melenara a Maspalomas, pasando por Cruce de Arinaga y Vecindario y llegando a Arguineguín y Veneguera. Pronto renunciaron a las mudadas y con las primeras perras compraron el solar a plazos y, poco a poco, con juntas y reuniones de amigos y familiares, levantaron sus viviendas, las que ya iban a ser moradas para siempre, lejos del campo donde  nacieron y crecieron, cerca y bajo el viento donde nuevas generaciones iban a cambiar la faz de la Isla. Voy a aprovechar ahora que les tengo atentos para contarles como se hizo mi padre con el solar y como fabricó nuestra casa, la primera nuestra, lejos de la apestosa cuartería y el retrete a cielo abierto

Por aquellos entonces vivíamos en Las Puntillas, en una casa-choza-barbería, dormitorio que los Muñoces dejaron a mis padres. Estos Muñoces eran dueños de molinos y tierras dedicadas al cultivo de la alfalfa en donde hoy está la pista del Aeropuerto de Gando, justo debajo. En el otro extremo de Las Puntillas, donde hoy está el Costa Aérea, reinaba Pepe El Chocho, el dueño de la única tienda de todo el contorno y amo de los solares que quedaban libres en la zona. A mí el tal Chocho me caía como una patada en los tegumentos procreativos, pese a que yo a la sazón era un chinijo, pero supe de siempre captar a los abusadores de lejos. En casa teníamos una cabra pipana preciosa, con la ubre larga, con la que todos los chiquillos andábamos  locos. El Chocho cerró el negocio de la venta del solar con mi padre a cambio de la cabra y 1.500 pesetas de las de entonces, que se fueron pagando poco a poco, pelada a pelada, supongo. Todos los días pasábamos por la trasera de la tienda de El Chocho para ver a nuestra cabra, amarrada, a nosotros nos parecía que triste, aunque ahora le echaban alfalfa y frutas sobrantes de la venta diaria. Fue precisamente un puñado de brevas caldeadas que el tendero echó imprudentemente a la pipana el que acabó con su vida. Desde entonces se la juré a El Chocho y tiempo tuve de vengarme, pasando el tiempo, aunque no es cosa de la que me sienta particularmente orgulloso.

Bueno, pues comprado el solar, se empezó con los cimientos y con las paredes de cajón, arena, cemento y piedras. Allí sólo cobraba el albañil, Juan José, que no es que fuera Gaudí, pero al que el salían las paredes derechas, y su ayudante, Siso. El resto de mano de obra eran mis padres, algún vecino y familiares a los que se invitaba  a un sancocho o cuando se mataba un baifo, acontecimiento éste que se guardaba sólo para cuando había que echar un techo, que era lo que más trabajo daba. Así, en una docena de años se levantó la casa, donde hoy vive Dori, la benjamina de la familia. En todo este tiempo se fueron sucediendo las zafras, los trabajos y los robos, algunos tan sutiles como los que se realizaban a diario con los tomates cosechados. Resulta que los aparceros llenaban sus faltriqueras en los surcos y las vaciaban en cajas de unos veinte/treinta kilos de capacidad cada una, que estaban en las orillas del cultivo. Por la tardecita, pasaba el camión del amo y se llevaba los tomates al almacén, donde eran separados, por un lado los aptos para exportar (tres eme, dos eme, etcétera) y, por otro, la tara, lo que, según el encargado de turno, no servía y por lo que el aparcero no cobraba nada. Sólo cobraba de lo que era apto para exportar, cuya cantidad él nunca sabía la que era, dado que no estaba presente. El abuso se ponía de manifiesto en años en que se abría, por lo que fuera, el cupo de exportación. Aquel año la liquidación de la zafra era positiva y no se iba lo comido por lo servido en los anticipos. Da grima pensar cómo pudo nuestra gente escapar, engañada con lo que producía, con empresarios  sin escrúpulos que se enriquecían a costa de su sudor y engañada también en su supervivencia, porque también se veían condenados a vivir de fiado en tiendas como las de El Chocho, donde se dejaban sus anticipos y encima tenían que mostrarse agradecidos. Aún así, sobrevivieron y bueno es, insisto, que en Lomo Magullo hayan decidido honrar la memoria y el trabajo de tantos, ahora que llegan tiempos de fiesta.

10 comentarios
  • miguel
    julio 13, 2014

    Sigues escribiendo como los ángeles, ¡Dame unas clasitas, hombre! Y también, me pregunto: ¿Puedo difundir este escrito a través de Facebook? Como noo me conteste en un día, 24 horas, lo subo y ¡a reclamar al maestro armero!
    Un abrazo, mi hermano.
    El canariodelcampo

  • Padrón
    julio 14, 2014

    Sigues teniendo la raza del hombre de la tierra, sigue así compañero, estaré siempre a tu lado, aunque no me veas y no me escuches estoy con tigo, me acuerdo con mucha frecuencia de la forma más digna que llevas todos tus queaseres. Un abrazo de un amigo a otro buen amigo, hablamos

  • Juanma Mendoza
    julio 14, 2014

    Aunque no te sientas orgulloso me quedo con las ganas de saber como fue la venganza contra El Chocho…

  • Raul Montesdeoca
    julio 14, 2014

    Grandissimo Adolfo!!

  • Manolo Ramos Santana
    julio 14, 2014

    Estas realidades, se las comentamos a nuestros hijos y, a los hijos de otras familias y, te dicen que no son ciertas, ” déjate de bobería para”. Cuanto trabajo y sufrimientos, para beneficio de unos cuantos, ésto es como la pescadilla que se muerde la cola.Cuanta verdad cuentas en tus alegaciones amigo mío.

  • José Delgado Rocha
    julio 14, 2014

    Amigo Adolfo, hueles a periódico y por tus venas corre tienta, por favor no dejes de escribir, me gusta tu estilo. Gracias amigo.

  • flora
    julio 15, 2014

    Me acabo de enterar de este blog,por Marisol Ayala, a quien sigo fielmente desde que la descubrí en este patio que con muchas ganas y poco tiento, transito.No estoy muy enterada en esto de la red,pero lo que tengo claro,que con lo que veo de M.Ayala,entre el face y el blog de lo que escriben otros, que no tiene desperdicio,me falta tiempo y encima ahora,como me voy a perder estos estupendos escritos.
    Gracias,Adolfo Santana,le seguía en La Provincia y con más razón ahora que le siento mas cercano,espero seguir leyéndolo.

  • Dolly Rodríguez Gago
    julio 17, 2014

    Te sigo. Me interesa todo lo que cuentas que también me ayuda a reconstruir mi historia familiar a través de tus palabras

  • Carolina Pérez
    julio 18, 2014

    Sea como sea y por el medio que quieras, es un placer leerte, jefe de jefes, compañero de compañeros y gran periodista. Sin duda, un referente para mí.

  • miguel ricarte afonso
    agosto 21, 2014

    Estamos Paco Miguel y yo leyendo ésta tu segunda entrega. Y opinamos lo mismo: ¡Eres un crack!
    Al leer el detalle de los grandes exportadores, notamos la ausencia de Verdugo.
    Para que veas que nosotros no solo leemos, también pensamos y aportamos algo.
    Comenta Paco la sorpresa del aparcero cuando entregaba una caja de 25 kilos en el almacén y le llegaba un vale que decía 1 kilo.
    Otro buen recuerdo cuando hiciste de pregonero de las Fiestas de San Rafael de Vecindario, cuya tema ese año fue, La Zafra.
    Un abrazo de los dos, amigo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *