Hay veces que la prospección sale «ajillá»

Por sábado, 22/noviembre/2014 0 No tags Permalink 0

Repsol sigue abriéndose paso en el fondo marino del Archipiélago en busca de líquidos y gases que justifiquen, entre otras cosas, que todo un gobierno esté entregado a la causa, con ejército incluido y que estén dispuestos a pagar un millón de dólares diarios por el alquiler de las máquinas que necesitan para las prospecciones. ¿Ustedes se imaginan de lo que son capaces señores, lobbies, grupos, empresas, como quieran llamarse, que tiene esa capacidad de inversión? No hay ser humano que se resista ante una máquina de compra-venta como ésta. Eso justifica cierta actitudes y determinadas entregas a una causa que, como mucho, dicen que tiene un 14-20% de encontrar hidrocarburos al final del agujero que están haciendo. Puede que acierten, o puede que no. Las Islas están horadas, en tierra, como un queso de Gruyére, por ese lucha eterna del canario de buscar agua a toda costa. Vertical y horizontalmente-pozos y galerías- la piqueta y el barreno han abierto heridas en la tierra en busca del líquido vital. Irse al mar es cosa de Soria y los suyos, aunque deberían coger recortes de ejemplitos sucedidos en prospecciones en superficie que salieron absolutamente ranas, porque la bolsa freática estaba en otra parte o porque, sencillamente, no había reservas ni nunca los hubo. La cara que se les ha de quedar a estos prospectores como queden con el culo al aire será para verla. Ya en una ocasión, allá por marzo de 1981, ya fuimos testigos de uno de estos planchazos en tierra. Fue en el barranco de Mogán. Casi trescientos metros a  través de las entrañas de la tierra para no encontrar ni una miserable veta de agua. Allí no se gastó un millón de dólares al día, pero el empresario agrícola que asumió la obra no volvió a levantar cabeza. Se arriesgó y perdió, pero eso sí: el gobierno de entonces no le ayudó en absoluto, ni le envió al Soria de turno a apadrinar el proyecto ni al ejército a abusar de gente indefensa.

Claro que, de haber dispuesto de posibles como para poder gastarse un millón de dolares diarios, a Martín-que así se llamaba el empresario horadador- le hubiera dado por cualquier cosa menos por estar abriendo pozos.

2014-11-13 13.23.20_buena editada

 

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